lunes, 2 de abril de 2012

Mujeres atrapadas en cuerpos de hombre



Desde que tiene uso de razón, Diane siempre se ha sentido “una mujer dentro del cuerpo de un hombre” y eso siempre tuvo consecuencias.

Fecha de Publicación: 2012-04-01 00:00

Las primeras señales de discriminación vinieron de su hogar, a través de expresiones como “eso es para mujeres, compórtate como hombre o te pego”.

En su adolescencia surgió la autorepresión y esa época incluso se planteo el suicidio. “El sistema familiar, barrial, social te dicen que estás mal, que no calzas, y en una etapa tan crucial, como la pubertad, entiendes esa necesidad de desaparecer, y comprendes los motivos de los adolescentes que se han suicidado”, señala Diane Rodríguez, actual directora de la Asociación Silueta X.

Esta organización trabaja prioritariamente con mujeres trans y personas intersexuales, o hermafroditas, de todo el país.

Como muchos jóvenes, Diane tuvo que obligarse a ser heterosexual, hasta que cumplió 23 años. Durante este tiempo, señala, hizo infeliz a su madre cuando hizo su primera confesión, pero luego la alegró al negarse su propia felicidad.

A los 16 años le confesó a su madre su realidad, “fue una catástrofe, mi madre se echó a llorar perdidamente, como si estuviese llorando mi muerte”, luego su padrastro la echó de casa.

Un mes estuvo fuera de su casa y pudo sentir el significado del hambre, tuvo que alimentarse haciendo trabajo sexual. “Prostituirme fue una forma de desquitarme con la sociedad, satisfaciendo la doble moral de hombres adinerados de la ciudad y al mismo tiempo automancillarme y vejarme al ponerle precio a mi cuerpo y a mi vida”

Condiciones

Si bien el retorno a su casa fue una fortuna en principio, éste estuvo condicionado a cumplir ciertas leyes, que incluían asistir a clases religiosas. Con sacerdotes, al principio; pastores y guías después.

“Todas éstas fracasaron, pues a una edad propia de rebeldía, lo que hacía era huir a casa de una amiga que ‘entendía mi problema’ y hasta me prestaba su ropa”.

Cuando cumplió 18 años, era legalmente libre. Con su bachillerato concluido se lanzó a la independencia, “necesitaba vivir mi identidad trans sin reproches ni maltratos, necesitaba ser yo misma, necesitaba dejar de disfrazarme de hombre y ser la mujer que quería ser”...

Eso tuvo un precio. “Sabía que sería posible sólo si me emancipaba, inclusive a costa de jamás volver a mi querida madre, mi hermana de seis años y mi hermano de nueve”. En esa misma época se ligó a la Asociación Silueta X, institución que actualmente dirige.

Silueta X

Han pasado ocho años, desde que Comunidad Futura surgió en el 2004 hasta convertirse en Asociación Silueta X, en el 2010, en Guayaquil y que trabajar prioritariamente con mujeres transexuales y personas intersexuales (hermafroditas) de todo el país.

Sus actividades están sujetas a la promoción de los derechos humanos de la diversidad sexual en general. El logro más importante fue el haber conseguido en el Registro Civil del Ecuador un cambio de nombres de masculino a femenino.

“Presenté otra queja legal en el 2010 contra el Registro Civil para que se me otorgue el cambio de género”, señala Rodríguez.

Identidad trans

Corporación Kimirina, institución que busca la reducción del avance del SIDA, define en a su manual de protección, el término transexual como las personas que viven con la convicción perdurable de pertenecer al sexo opuesto y que pueden optar o no por la cirugía o el tratamiento hormonal.

Definición que Diane comparte, pero al mismo tiempo añade que ser transexual no implica necesariamente una reasignación sexual. “ha quedado claro que existimos muchas transexuales que sentimos como el otro sexo, sin que por ello nos reasignemos sexualmente, pues aterrizar nuestras emociones y vivencias en el cuerpo es otra forma de discriminarnos”, puntualiza.

Realidad

Estudios elaborados en 2008 por la Corporación Kimirina y en 2010, por la Asociación Silueta X, demuestran el alto grado de vulnerabilidad de las mujeres trans, ante gays y lesbianas, considerando que el VIH se encuentra concentrado en la población transgénero, pues el 90 por ciento trabaja sexualmente.

Las personas trans se enfrentan cotidianamente a violaciones básicas en derechos humanos. “Desde las situaciones más cotidianas como estudiar en un colegio o emplearse en una empresa pública o privada, negación, negligencia u omisión en los servicios de salud, falta de seguridad, acceso al alquiler o compra de vivienda, entre otras”, dice.

“No buscamos tolerancia, sino respeto”

Si bien algunos movimientos buscan tolerancia, otras organizaciones manejan un principio diferente: Aceptar la existencia de los ciudadanos diferentes a uno.

Para Diana Rodríguez, líder de Asociación Silueta X, esto significa que cada quien es libre de hacer y deshacer con su realidad, “no buscamos que nos soporten, porque yo no soporto a las personas heterosexuales, sino que las respeto y acepto su existencia”.

Basado en este criterio, la sociedad trans no busca tolerancia ni reivindicaciones, “porque nosotras no somos las llamadas a solicitar, ésta debe ser una convicción de cada ser humano y que debería ser un valor inculcado desde nuestros hogares”, puntualiza Rodríguez.

La especialista explica además que los grupos trans siguen más estigmatizados que los grupos gays y lesbianas, porque surgen más bien de la transgresión social.

Gays y lesbiana bien podrían pasar por personas heterosexuales, algo que no sucede con las personas trans, por ello hay que empezar a utilizar el término respeto, que significa atención o consideración.

Es difícil cuantificar cuántas agrupaciones de las llamadas minorías sexuales hay en Ecuador; en la Defensoría del Pueblo apenas constan en sus registros 12 organizaciones GLBTI, de Guayaquil, Machala, Salinas, Quito y Daule, aunque hay más que no se han hecho visibles oficialmente, porque aún existe discriminación.

María Fernanda Torres

redaccion@eltiempo.com.ec

Quito.